Complejidad emocional.

Rosa Sánchez.

Dpto. Psicología ADEMM

Una forma de entender las emociones podría referirse a las respuestas complejas de nuestro cuerpo, desarrolladas durante la historia evolutiva  (filogenéticamente) con posibilidad de modificarse mediante el aprendizaje y la experiencia (ontogenéticamente) y cuyo principal objetivo es favorecer la supervivencia e incrementar nuestro bienestar.

Con la finalidad de mantener este equilibrio se entiende que las emociones cumplen funciones determinantes. Por un lado facilitan que el organismo se ajuste a situaciones ambientales cambiantes teniendo cada una de las emociones básicas utilidad eminentemente adaptativa; por otro lado, se potencia y se dirige la conducta y el comportamiento desde un plano fundamentalmente motivacional; finalmente cumple una función comunicativa como fuente de información en cuanto al plano intrapersonal y facilita la transmisión de sentimientos e intenciones que a su vez tienen efecto en la conducta de otras personas, en cuanto a la dimensión interpersonal.

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Fuente de la imagen: https://pixabay.com/static/uploads/photo/2012/04/18/01/02/emotions-36365_960_720.png

Como metáfora podríamos decir que las emociones  son el “resorte o foco” que nos acerca o aleja de lo que evaluamos como agradable o desagradable, de tal forma que ejerce de árbitro en situaciones demasiado complejas como para ser resueltas exclusivamente por la razón. Advertir que no puede pasar desapercibido que las emociones tienen un papel modulador sobre los procesos cognitivos  e incluso un rol dominante en su estructuración.  (Neuropsicología y Emociones).

Para tratar de comprender mejor estos procesos conviene pensar en los diferentes aspectos que componen las emociones:

Por un lado, teniendo en cuenta la fisiología, se producen cambios en los procesos involuntarios como el tono muscular, las secreciones hormonales, presión sanguínea, respiración, etc…, que a su vez, modifica la actividad del sistema nervioso central y autónomo.

Por otro lado, los aspectos cognitivos en relación con el procesamiento de la información consciente e inconsciente.

Finalmente, el componente conductual a través de la actividad observable: movimiento, expresión, prosodia, etc…

Estos tres aspectos interactúan ofreciendo información interna para evaluar y externa para comunicar pero se relacionan, la mayor parte de las veces, de forma no sincronizada generando muchas contradicciones. Históricamente, se ha tratado de arrojar luz al complejo mundo de las emociones desde diversos modelos teóricos, tratando de aclarar la relación entre estos tres componentes. El modelo procesual de Scherer  (Scherer, 1993), integra cinco procesos en un esfuerzo por engarzar estos tres aspectos fundamentales, de esta forma la secuencia sería la siguiente:

Dado un estímulo (interno o externo), se produce un procesamiento cognitivo realizando con ello una evaluación “gruesa” de manera incondicionada o aprendida, en términos prácticamente dicotómicos (bueno/malo; agradable/desagradable, etc…).

Esa evaluación cognitiva desencadena una serie de cambios neurofisiológicos en el sistema nervioso central, autónomo, hormonal, etc…., cuya función es facilitar la adaptación del organismo a esa nueva situación que aparece.

Como consecuencia de esto se desarrollan una tendencia de respuesta conductual  y motivacional que predispone al organismo a actuar (hacer o no hacer, decir o no decir, etc…).

Esa tendencia que predispone a actuar es la base para la expresión conductual que caracteriza a una  u otra emoción, reconocible socialmente y fuente importante para la comunicación entre personas, tanto para trasladar información como para identificar.

La consecuencia de estos cambios se traduce en un estado afectivo subjetivo que la persona procesa y registra. La posterior reflexión sobre ese estado en el que la persona se encuentra es lo que determina el sentimiento concreto que se genera.  Según este modelo, hasta este momento es muy probable que todas las respuestas que ha habido en y entre los diferentes componentes, se haya realizado  de forma no consciente. Será en este último paso cuando la persona se hace consciente de su respuesta y puede tratar de modificar. De ahí la dificultad. El manejo de estos aspectos será relativo pues muchas de las respuestas ya se habrán iniciado cuando la persona trata de manejar y cambiar su respuesta.

No obstante no hay que rendirse pues, ese proceso más consiente que permite evaluar y reevaluar, contribuye a que tras un esfuerzo relativo se puedan modificar respuestas, a veces las personas lo pueden hacer solas y otras veces necesitan ser acompañadas durante ese proceso. Se comenzó reconociendo la complejidad que conlleva abordar cualquier cuestión sobre las emociones, así que este será tan solo un primer acercamiento de muchos, a este tema que, desde este  Departamento se pretende abordar.

 

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