La Neuropsicología de las emociones

Rosa Sánchez

Dpto. Neuropsicología ADEMM

¿Se pueden considerar los procesos emocionales como una más de las funciones cognitivas a trabajar desde la Neuropsicología? Esta pregunta, formulada de esta u otra forma, se viene planteando desde la psicología históricamente.

Rodin_le_penseur.JPG

Fuente de la imagen: https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/a/ac/Rodin_le_penseur.JPG

Las funciones cognitivas son el reflejo de un cerebro que procesa información (Duque, 2008), si esto es así, las emociones, en tanto en cuanto, información muy relevante para nuestras vidas, son necesariamente procesadas. De alguna forma las respuestas más primarias y automatizadas que facilitaron la adaptación al medio, necesitan paulatinamente ser reguladas para que esa adaptación se siga produciendo a lo largo de nuestro desarrollo. Durante los primeros años de vida, esta regulación viene del exterior, las personas significativas, se encargarán de darle sentido y proporcionar información sobre lo que es o no pertinente mostrar ante una situación personal y /o social. A lo largo del desarrollo esa regulación se va transformando en autorregulación y para que este proceso se complete se produce, por así decirlo, la modulación de patrones neuronales de respuesta en nuestro cerebro que contribuyen a esta regulación propia. Así, estos procesos acaban por intervenir o mediar, entre otras funciones superiores, en la toma de decisiones, la discriminación de estímulos relevantes, memoria de trabajo, regulación y monitorización de las experiencias, en la adaptación del comportamiento a situaciones o ambientes complejos, etc …Es decir, acaba siendo un proceso cognitivo más sobre el que inevitablemente hay que intervenir y abordar durante el proceso de intervención.

¿Se puede establecer el correlato entre un comportamiento emocional observable y estructuras cerebrales concretas? Se podría pensar que hay algunas estructuras específicas que se ocupa de los aspectos emocionales pero no es tan sencillo pues la investigación y el desarrollo en técnicas de neuroimagen, neuroquímica,  fisiología, neuropsicología, etc…, han permitido determinar que son muchas las estructuras que intervienen en estos procesos además de tener en cuenta las conexiones, tanto verticales como horizontales, entre unas estructuras y otras. De esta forma se habla de integración cerebral.

No obstante tratando de realizar un primer acercamiento sencillo que facilite comprender se puede recurrir a la hipótesis  de cerebro triple (Mac Lean, 1970) que establece una ordenación del cerebro en tres sustratos organizados jerárquicamente. Podemos imaginar una casa de tres pisos con un sótano, una planta principal y una segunda planta a modo de ático.

En el sótano, se situaría el cerebro más primitivo, más instintivo y autónomo, denominado también cerebro reptil, ocupándose de organizar las funciones más básicas del organismo.

La planta principal sería la sede del sistema límbico o cerebro emocional. Las estructuras que lo conforman se ocupan de integrar la experiencia más autónoma y primitiva con la experiencia cotidiana que se va adquiriendo, de tal forma  que se obtiene un mecanismo de supervivencia que sigue siendo muy automático pero que se activa con la experiencia vivida en relación con el ambiente.

Finalmente, en la planta superior se encuentra la corteza o cerebro racional. Se podría decir que es aquí, en el lugar en el que se desarrollan las funciones ejecutivas, dónde se regula la respuesta emocional, es decir, el lugar en el que se le da sentido a esas respuestas automáticas.

Si hay una parte de esta organización que se denomina específicamente cerebro emocional ¿es ahí dónde están las estructuras cerebrales que se ocupan de todo lo que tiene que ver con nuestras respuestas emocionales? Una vez más, no es tan sencillo pues como se ha dicho es en la corteza dónde está la base para conseguir la auto-regulación  emocional y dónde se da sentido a esas respuestas que se van teniendo. Es cierto que es el lugar en el que se diseña el mecanismo de respuesta emocional primario, necesario para responder en situaciones extremas en las que no da tiempo a analizar la situación y en las que probablemente pueda estar en riesgo la vida. No obstante, los mecanismos que subyacen a las repuestas emocionales también dependen de otras estructuras y conexiones que llevan a viajar por diferentes partes del cerebro más allá del sistema límbico.

Quedémonos, entonces,  con esta primera idea para poder avanzar en sucesivas ocasiones y tratar de profundizar en las estructuras que están en la base de la regulación emocional.

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