¿Cómo puede ayudar la equitación en Esclerosis Múltiple?

Alba Aguayo, Terapeuta ocupacional y Experta en Equitación Terapéutica y Directora de Equinoterapia Alecliba. 

Raquel Casas, Terapeuta ocupacional y Experta en equitación Terapéutica de la Asociación de Esclerosis Múltiple de Madrid y Equinoterapia Alecliba.

 

Cuando hablamos de equitación existe el falso mito de que cuando ntamos a caballo el único que trabaja y hace “esfuerzo” es el caballo. Sin embargo la equitación es el deporte más completo junto a la natación, ya que debido a la posición a horcajadas sobre el caballo y los movimientos que nos transmite contribuye a mejorar; nuestra postura corporal, la tonificación de los músculos, el equilibrio y la movilidad, además de los beneficios psicológicos que aporta.

Si este deporte lo adaptamos a diferentes necesidades, pasaremos a realizar Equitación Terapéutica, una terapia complementaria dirigida a personas con discapacidad o limitación psíquica, física, sensorial, cognitiva y/o problemas de adaptación social, a través de la motivación que genera el caballo como instrumento terapéutico. Se considera que esta terapia es capaz de conseguir nuevos estímulos complementarios a los logrados con tratamientos tradicionales, ya que con las técnicas convencionales el paciente no experimenta la diversión, el placer y la alegría que sienten al montar a caballo, consiguiendo así, mejores resultados.

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En equinoterapia se trabaja con el objetivo de conseguir mejoras y mayor autonomía de los usuarios utilizando el caballo como instrumento terapéutico.

Las sesiones se realizan con el caballo más apropiado para cada persona, teniendo siempre en cuenta sus características y necesidades, estando en cada sesión un terapeuta especializado y con experiencia en el ámbito de la discapacidad y la equitación, además de contar con un ayudante/voluntario, encargado de dirigir el caballo, o como apoyo en caso de dirigir el caballo el propio usuario.

La Equitación Terapéutica se sustenta en tres principios terapéuticos que actúan en todo momento sobre el jinete, sea o no, persona con discapacidad:

  • Cuando una persona monta a caballo recibe la transmisión del patrón fisiológico de la marcha humana en “sedestación”, esto quiere decir, que el movimiento de nuestro cuerpo sobre el caballo es prácticamente el mismo que realizamos al caminar, mejorando por tanto la estabilidad, la coordinación de la cabeza y el tronco y la disociación de las cinturas escapular y pélvica. Se pueden realizar numerosos ejercicios para mejorar o restablecer la simetría corporal.
  • El caballo tiene una temperatura corporal de 38º, siendo superior a la del ser humano, por lo que por el calor que desprende y su movimiento rítmico al andar, aumenta el flujo sanguíneo del jinete, dando lugar a la reducción de espasticidad en miembros inferiores, facilitando la distensión ligamentosa y la relajación muscular, que puede llegar a perdurar incluso 6 horas después de una sesión de equinoterapia. Gracias a todo esto aumenta la estimulación sensorial, lo que añadido al movimiento rítmico y suave del caballo, genera sensación de seguridad y protección, lo que favorece la autoconfianza.
  • El caballo se mueve en tres aires, siendo estos; el paso, trote y galope, aunque el paso es el más utilizado durante las terapias. El caballo transmite entre 90 y 110 impulsos por minuto al paso gracias al movimiento de su dorso, llegando a los miembros inferiores, a la cintura pélvica y la columna vertebral del jinete. Estos impulsos llegan a la cabeza del paciente por medio de la columna vertebral, provocando reacciones de enderezamiento del tronco y mejorando el equilibrio.

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Además, gracias a los impulsos que transmite el caballo con su movimiento, influye beneficiosamente en el movimiento intestinal, estimulado principalmente por el movimiento pélvico, mejorando las irregularidades de la digestión provocadas en ocasiones por la falta o imposibilidad de movimiento locomotor.

Es destacable la mejora que se puede apreciar en el área psicomotriz, mejorando el tono, el equilibrio, la coordinación y la disociación de los movimientos, favoreciendo la adquisición de la lateralidad y la mejora de la percepción del esquema corporal.

Actualmente estamos observando además mejora del control de la micción, ya que la equitación estimula la activación del suelo pélvico y con diversos ejercicios en el caballo puede también potenciarse esta musculatura tan importante.

La equinoterapia, además, mejora la relación social y la atención, dando lugar al aumento de autoestima y mayor confianza en sí mismo.

Además de todos estos beneficios, esta actividad facilita diversos aprendizajes relativos al cuidado y preparación del caballo además de las técnicas de equitación.

Por lo tanto, esta disciplina es muy beneficiosa para aquellas personas que padecen Esclerosis Múltiple, pudiendo mejorar el equilibrio, la atención y la marcha, mejorando el tono, la coordinación y la disociación, además de conseguir una mejora en autoestima y autoconfianza, a través de la realización de esta actividad, que en ocasiones y según el grado de afectación es posible realizar prácticamente de forma independiente, teniendo siempre en cuenta la fatiga y los brotes, en caso de ser remitente- recurrente.

 

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