¿QUÉ PASA SI NO PUEDO SEGUIR TRABAJANDO?INCAPACIDAD PERMANENTE LABORAL Y ESCLEROSIS MÚLTIPLE

Miguel Delgado, Trabajador Social de ADEM Madrid.

La Esclerosis Múltiple es una enfermedad con un curso no predecible y distinto en cada persona afectada. Ante la evolución de una situación clínica que compromete nuestra salud, se puede dar la circunstancia que aparezcan secuelas que dificulten el desempeño adecuado de nuestra actividad laboral.

A priori, ante la aparición puntual de una circunstancia tal, en el caso de estar activos laboralmente, nuestro médico de familia determinaría una incapacidad temporal (IT), conocida comúnmente como baja médica, durante el tiempo necesario hasta que nuestra situación (en términos de salud) se haya restablecido.

Pero, ¿Qué pasa si dicha situación se mantiene en el tiempo dejando secuelas no reversibles que comprometen nuestra capacidad para desempeñar una actividad laboral? En dicho caso, siempre y cuando cumplamos una serie de requisitos (estar en situación de alta o asimilada, mínimo de años cotizados a seguridad social…) podremos optar al reconocimiento de incapacidad (laboral) permanente (IP).

Lejos de ciertas creencias populares, dicho proceso, a priori, es sencillo. Dicha solicitud, para el reconocimiento de la IP, se puede iniciar por tres vías: A instancia del propio interesado, de las entidades colaboradoras, o de oficio.

Por nuestra experiencia, desde el Departamento de Trabajo Social siempre aconsejamos que sea a través de las dos últimas ya que suponen de antemano el “respaldo” de los facultativos que están realizando el seguimiento de nuestra evolución.

En ese sentido, también aconsejamos agotar el tiempo máximo de incapacidad temporal (baja médica), ya que en ocasiones han sido rechazadas solicitudes por “no haber agotado la vía terapéutica”.

Esto viene a significar que, por no haber agotado el tiempo máximo de baja médica se pudiera prever una posible mejora, se concluya que no procede el reconocimiento de incapacidad permanente (IP).

A este respecto, indicar que el periodo máximo de incapacidad temporal que se le puede conceder a una persona es de 12 meses (con posibilidad prórroga de 6 meses más), es decir año y medio como máximo.

Este proceso administrativo de baja nos suele producir inseguridad y ansiedad durante ese tiempo, los partes de baja, las mutuas, me llaman de Seguridad Social, etc. En esta situación, desde el Departamento de Trabajo Social solemos anticiparos un poco cómo es ese proceso para que contéis con más información de los siguientes pasos. No dudéis en consultar lo que necesitéis.

Si durante este periodo de incapacidad laboral se produce una mejora en la condición de salud, se pasaría a alta e incorporación al trabajo de nuevo.

Si finalizado todo el proceso de Incapacidad Laboral, el Tribunal de Seguridad Social puede valorar dos cosas: bien que la persona puede incorporarse de nuevo al trabajo y da el “alta” , o bien valora que se mantienen secuelas que dificultan en un grado u otro el desempeño de la actividad laboral, reconocer una Incapacidad Permanente.

Este reconocimiento va a ser en función al grado de afectación, que se reconozca alguno de los siguientes tipos de incapacidad permanente:

Incapacidad parcial: lo que se viene a reconocer, a grosso modo, es que la persona tiene una disminución en el rendimiento de su actividad, pero que puede seguir ejerciéndola. A nivel práctico supondría el reconocimiento de una “indemnización” de 24 mensualidades a tanto alzado. Dicho reconocimiento, no extinguiría el contrato de trabajo (la persona se volvería a incorporar a su puesto).

Incapacidad total: lo que se reconoce es que la persona presenta una serie de secuelas que impiden el desempeño de su actividad laboral habitual; pero que, no obstante, si pudiera ejercer otra actividad. A nivel práctico, este tipo supondría el reconocimiento de una pensión de un 55% sobre la base de cotización, la cual se podría compatibilizar con otro trabajo (cuyas funciones no fueran las mismas que la del anterior). Solo en el caso en que la resolución establezca una revisión a los dos años por prever posible mejoría, este tipo de reconocimiento no extinguiría contrato de trabajo.

Incapacidad Absoluta: viene a reconocer que la persona no puede desempeñar su actividad laboral habitual ni ninguna otra. Se le concedería una pensión que supondría el 100% de su base de cotización, y supondría la extinción de su contrato de trabajo.

Incapacidad Gran Invalidez: al igual que la anterior, reconoce que la persona no puede desempeñar ninguna actividad laboral, pero además, la necesidad de apoyo de tercera persona para el desempeño de sus actividades básicas de la vida diaria. Supondría una pensión del 150% (aproximadamente) sobre su base de cotización, y la extinción de su contrato de trabajo.

Independientemente de la propuesta del EVI y resolución del INSS, si no estuviéramos conformes, se establecen las vías oportunas para su recurso. Toda esta información la podréis consultar de modo más detallado en la propia página web del Instituto Nacional de la Seguridad Social.

Esta información que os facilitamos es bastante general, es por ello que si requerís cualquier tipo de aclaración, no dudéis en contactar con nosotros a través del correo electrónico trabajosocial@ademmadrid.com.

Por último, comentar que en diversos casos hemos podido comprobar cómo muchas personas se muestran reticentes al iniciar este tipo de procedimientos; dado que relacionan el desarrollo de su profesión con la idea de “seguir siendo útiles” en el mercado laboral y “capaces e independientes” de ganar un salario. Por ello, solicitar y reconocer una incapacidad, es un paso muy difícil de realizar por la carga emocional que conlleva.

Esta idea de “utilidad” está muy arraigada en nuestra sociedad, ya que hemos sido educados bajo el ideario de que el trabajo es un bien necesario para “ser y desarrollarnos” como personas. Esto, no dejan de ser imposiciones culturales que obedecen a sistemas sociales y económicos establecidos. Somos personas y lo importante es desarrollar nuestro proyecto vital en función a nuestras circunstancias, contando con los apoyos necesarios.

Es importante priorizar nuestro bienestar y nunca poner en riesgo nuestra salud por evitar sentir la etiqueta de “incapaces”. Es esta etiqueta la que debemos cambiar, para que no se nos infravalore ni estigmatice.

Debemos entender este procedimiento tal y como lo que es: Un derecho reconocido, el cual hemos adquirido por nuestros años de trabajo (y cotización a la Seguridad Social). No nos están “regalando” nada, es nuestro derecho y cuya única finalidad es la de garantizar un ingreso económico mensual que nos permita seguir desarrollándonos como personas, promoviendo una integración social real y efectiva.

Fuente: http://www.seg-social.es/wps/portal/wss/internet/Trabajadores/PrestacionesPensionesTrabajadores/10960

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